Gracias, gracias por no darme pié. Porque no me veo agarrado a una pierna que está unida a una actitud tan perezosa. Así que te agradezco que fueras lo bastante lista para no caer, porque yo me habría metido hasta el fondo de ese pozo tan bien señalizado que es imposible no perderse. Y es que los mejores depredadores son los que engañan y tú tienes un ritual hermoso, y un veneno peligroso de los que paralizan, ahogan, y devoran.
Empiezo a sentir alivio por haberme librado del vértigo y la caída. Y sí, me jode no haber jodido, pero esta sociedad presa del orgasmo me empieza a tocar la testosterona a niveles extremos y no sería la primera vez que me planteo medicación para suprimir un instinto que de extinto sería mejor para la relación humana.
Y es que ahora parece que soy yo el que prima el sexo, como si no lo viera en anuncios, series, canciones, películas y si me apuras hasta en juguetes, o acaso Kent no era novio de Barbie; una rubia esbelta fuera de comparaciones incómodas. Pero no, ahora resulta que las personas nos unimos por vete tú a saber qué otra cosa que no sea una hormona rebelde esperando pistoletazo de salida. Eso no se lo cree nadie.
Pero gracias, gracias porque hubiera perdido el sentido con tal de sentirme acompañado, pero a veces la compañía no es mejor que la soledad, y parece el caso. O al menos eso lleva pareciendo desde que nos conocimos.
Sociedad y soledad es el matrimonio que adoptó a este narrador hace ya 25 años. Y es que no le veo diferencia alguna. Y no quiero sentar cátedra, pero algo tendrá que ver toda una generación de jóvenes encerrados en habitaciones enganchados a un mundo virtual que parece más amigable. Y es que hace tiempo que echo de menos reventar cabezas en el Call of Duty con mi M24 en lugar de destrozar la mía con balazos de incorrespondencia y sometimiento a cambio de miguitas de azúcar y toneladas de sal.
Pues entro una y otra vez en esa espiral con distintos nombres, formas, y colores, pero la misma pendiente, recorrido y salida. Qué esperar de una noria si puedes estar en cualquiera de las coordenadas, pero siempre en un círculo cerrado. Que el amor es una atracción de feria, sobrevalorada, efímera y sin las pertinentes revisiones. Te montas y al principio todo es adrenalina, risas y alegría, pero hasta lo mejor acaba y terminas con el corazón acelerado, las neuronas agitadas y el cuerpo estático, y ese desajuste repentino te provoca más miedo que el vértigo. Y te estrellas con tus propios pasos, quieres volver a montarte, pero se fue, puedes buscarla en el siguiente pueblo, pero no será la misma, porque solo puedes sentir una vez esa novedosa sensación, las mismas vistas, el mismo movimiento, la curiosidad de lo desconocido. Porque el bucle es rutina y la rutina es muerte emocional.
Así que gracias por librarme de un dolor de oídos, de tramas incompatibles, de restas y divisiones.
Escapo de tu secta de encantos falaces. Porque hay impuestos que no estoy dispuesto a pagar. Porque las relaciones sociales son la inversa a las bursátiles, si el interés es bajo… y yo paso de salir perdiendo.