Sé que no encontré el amor, porque no sé si creo en él. Pero me enamoró su trabajo, su eficiencia, su eficacia, su disciplina, su saber estar, su atmósfera, su clima, y su compañía.

Desde que vi su CV lo dije alto y claro: “Alguien que se sacó una ingeniería merece mi respeto y admiración” Y demostró con creces su valía. Y valía tanto que llevamos un día sin ella y ya la echo en falta. Y lo hago como coordinador de marketing, como profesional que ama la profesionalidad, el talento y la entrega. Y es que ella nunca prometió, pero siempre hizo, y ¡qué bien lo hizo! Y lo hizo manteniendo la sonrisa y la cordura, algo no siempre fácil de conseguir.

Este blog lo escribe un empleado, un compañero, una parte de una empresa menos completa sin ella.

No tengo ninguna duda de que le irá bien allí donde haya ido. Es lo que tiene la valía, que se paga, que da poder de elección, y que siempre se añora, se desea, y a veces se pierde.

Aún así tengo que estar feliz por haberla conocido, por los servicios prestados, los diseños guardados que serán lucidos este año, por lo aprendido, lo enseñado, por lo vivido y lo imaginado.

Es sábado y aún sigo teniendo tareas que llevan su nombre y que, tendré que asumir aunque sea sin eficacia, sin eficiencia, sin idea. Me duele su pérdida y me alegra su éxito. Pues no soy un país, a mí sí me preocupa la fuga de talento, y me molesta no haber podido hacer nada. Más que desear que triunfe, que brille, que alcance todo lo que se proponga y hacer por mi parte exactamente lo mismo por si algún día nos cruzamos de nuevo con la sonrisa más larga y los bolsillos más llenos. La fallera mayor fue un acierto mayúsculo. Y este pequeño escritor un absoluto ridículo.

No sé en qué momento empecé a mirarla con otros ojos. Puede que fuera desde el día que nuestros pies se rozaron bajo la mesa. O el día en que me percaté de haberla sacado una sonrisa tonta. Solo sé que desde ese día además de admirarla como profesional, empecé a hacerlo, desde la distancia que me impone la ley, como persona.

Y ahora ambos, desde ambas perspectivas, no tienen dónde mirar. Y el lunes en la oficina dará todo igual, ella no cantará bajito las canciones, ni me llamará por encima del monitor, ni saldrá a dar esos paseos que siempre hacíamos a distinto horario.

La jornada será inmensa, más inmensa sin ella. Y el diseño caerá en picado como dura un suspiro.

De otro. Será de otro. Como antes de este empleo. Su voz, sus outfit raros, sus ojos pequeñitos.

Y ni este es el último dolor que ella me causa, ni serán los últimos y necesarios diseños que ya no recibo.

Espero que te salgas en ese nuevo trabajo, aunque no sea conmigo. Que arrases con todos.

Y que te pongas mis vídeos para jamás olvidar que fue bonito todo lo reído.

Gracias por leerme

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