Se rompió la cadena del retrete de la vida hace ya tanto que puedo oler la mierda desde tan lejos que es como llevar anclado un vertedero. Es un verdadero infierno oír el estruendo de una tormenta que no llueve, solo atormenta.

Llevo un mes, quizá más, sin dormir bien. Creí que lo había logrado y así parecía. Con mis rutinas de descanso, mis tiempos, mi agenda, que es compartida. Pero llegó la oscuridad y el frío, y la dependencia se volvió imprecisa precisándose aún más todavía. Y los sistemas sociales que deben protegerme me provocan justo lo contrario, inseguridad y aislamiento.

Empecé el año creyendo que había encontrado respuestas, pero solo eran hipótesis que yo no puedo contrastar por ser sujeto de experimento, un sujeto que cuelga, está pendiente, supongo que por eso se llama así. Quizá el autismo sea una respuesta, a saber si con TDAH, AACC o qué se yo, si ahora hay tanta diversidad que lo típico se ha vuelto demasiado típico en su variedad invariable. Pero me he pasado dos semanas buscando centro de investigación y por fin parece que empezamos la primera fase. Y me aterra. Se me inflama la amígdala porque de ser descartado, algo improbable pero posible, no tendría hipótesis que concuerden con esta vida llena de sufrimiento, dolor, depresión, ansiedad, falsedad, miedo, emocionalidad extrema y creatividad como bengala que no venga nada, solo hace gala de su tremendo destrozo.

Hoy he estado a punto de colmar el vaso, o de quebrarlo. Todo iba bien, aumentaba la presión pero parecía habitual, controlable, esperable. Como un neumático vacío que comienza poco a poco a cobrar forma. Pero llegó el clavo.

Tras días sin poder estudiar porque mi cerebro no podía concentrarse en esa tarea hasta dar por zanjada, que no resuelta, la búsqueda de evidencias para presentar en una futurible ADOS-II y ADI-R; hoy por fin pude dedicar unas horas a la tarea en cuestión. Tenía el primer examen a las 14:30 así que desde las 10 había tiempo para varios repasos, test de ensayo, rumiaciones varias, subidas de cortisol… Lo normal. Y 32 minutos después cerré sesión con la pena de haber respondido a 38 de las 40 preguntas, una que podría haber acertado, otra que hice bien en reservar, pero quizá una o varias que he fallado. Lo que descarta la posibilidad de sacar matrícula de honor y, por tanto, de obtener 6 ECTS gratis en la próxima matrícula. Es decir, sin dinero ni excelencia el futuro está jodido, o al menos caro, y lo tuve al alcance de una buena sinapsis y un poco de (nora)adrenalina. Empecé a repasar para el siguiente examen dispuesto a las 17:00 y la inseguridad era mayor, porque el dominio del tema era menor. Con la tranquilidad de superar mis simulaciones comencé la prueba y después de 27 minutos de sobre-esfuerzo cognitivo cesé el intento. Sí, nos dejó con el simpático muy antipático a más de uno ese examen de Psicofisiología Aplicada del que solo me aventuré a responder 29 preguntas, o 31 si recuento las que me jugué de más. No esperaba que saliese tan mal. No era mi favorita a diferencia de Neurociencia Conductual, pero tampoco vi venir semejantes preguntas. Total, que la cosa se torció no tanto elevando cortisol como disminuyendo la autoconfianza. Haciendo que el tiempo que faltaba hasta comenzar el test de Desarrollo Afectivo y Social fuese un autentico desfiladero de dudas, inseguridad, malestar, culpa…

Para cuando empecé el tercer examen a las 19:25 ya estaba cognitivamente agotado y emocionalmente tocado, no llevaría ni cinco minutos y un cuarto del examen cuando todo empeoró drásticamente. Ya no estaba solo con mi pensamiento, ahora la casa se llenó de ruidos molestos y todo colapsó. Literalmente.

Ya no podía más. No llevaba ni la mitad y sentía la necesidad de dejarlo. Como si doliese en alguna parte y no pudiese soportarlo más. Por mis oídos entraban los ruidos, por mi cuerpo las vibraciones, mi mente cansada no podía con tanto estímulo y, además, aunque el examen era sencillo, muy sencillo, sentía que no podía entender nada. Leía las preguntas y era como si no las hubiese leído, las volvía a leer cinco, siete, diez veces y quizá entonces podía comprender lo que decían. Por suerte las respuestas eran breves y sin mucho lugar a duda. Pero en la pregunta casi treinta ocurrió algo que terminó por destruirme. El habitante que hacía ruido decidió venir corriendo a aporrear la puerta como si se estuviera acabando el mundo, el mío sí desde ese momento. La plataforma online se iluminó como un contador Geiger en Chernobyl y las amígdalas, nada amigables, empezaron a ser más bien un tumor más similar a un nuez que a una almendra. Después de un autocontrolado silencio estático no se hizo la calma pero se redujo el caos externo mientras internamente se me derrumbaba toda la materia hundida en líquido cefalorraquídeo. A las 19:47 decidí entregar aquel examen con, creo, una o dos, quizá tres sin responder.

Mi cuerpo era una alexitimia personificada. Una anosognosia tirada en una silla esperando colapsar sobre sí misma. Un vacío lleno de caos. El momento exacto en que una estrella desaparece antes de crearse un agujero negro. Ese punto del espacio donde hubo algo antes de ser otra cosa bien distinta. No sé cómo me sentí exactamente, pero mal, muy mal. Eso lo sé. Porque si en el momento de aporrear mi puerta quise levantarme, gritar y acabar con el saco de átomos que llevó a cabo semejante conducta hasta llevarle la contraria a Demócrito y la etimología; en ese momento solo quería desaparecer. Sí, como esa supernova que no va a ninguna parte. Yo quería huir, pero no tenía dónde, o quizá sí, pero no cómo, o quizá sí, pero no fue posible. Necesitaba comer no por homeostasis sino por fatiga, pero no había salida sin ayuda. Así que aquí estoy. Cantando la dulce introducción a mi caos, con dolor de cabeza, insensibilidad corporal salvo ese espasmo que me ha dado hace un rato en el hombro izquierdo como si alguien hubiese excitado eso que he sentido como un cable de acero tirando de mis músculos bruscamente. Sí, he escrito todo esto con las gafas igual de sucias que he hecho los exámenes, con esa especie de neblina que hace que vea aún peor, pero ni tan siquiera quiero claridad ahora mismo. Solo la oscuridad que no me permite esta pantalla retroiluminada y el silencio que obviamente lleva faltando desde hace horas.

No sé si hubo un meltdown antes de un shutdown, pero que mi mente se reventó es un hecho que me ha echo polvo.

Bribriblibli 

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