Un ambicioso título que muestra una necesidad para el correcto funcionamiento de los servicios de Salud Mental. La psiquiatría debe desaparecer por el bien de los trastornados mentales, así de simple. No digo que se despida a los psiquiatras que ya tienen plaza, o sí, pero si algo le falta al servicio son psicólogos y psicólogas clínicos (y neuropsicos) que son los que de verdad se encargan de esos pacientes. Por tanto, eliminemos las plazas MIR de psiquiatría, o reduzcámoslas al mínimo (im)prescindible y demos rienda suelta a los PIRs.

¿Por qué digo esto?

Porque si vas a la Sanidad Pública quien te recibe es un psiquiatra, que posteriormente te deriva a un psicólogo no sin antes intentar endosarte psicofármacos que no necesitas. De hecho, a excepción de la esquizofrenia dudo mucho que ningún otro trastorno, quizá bipolar, lo necesite. Y es que somos el país de los ansiolíticos y los antidepresivos, pero NO, repito, NO, NUNCA, son necesarios.

Aitana en su documental de metamorfosis está sobrepasada, expuesta en un ambiente tóxico, sin decidir sobre su vida, siempre ocupada, siempre activa, siempre a disposición de los otros hasta el punto de no sentirse cómoda con ella misma y pensar que se olvidará de la letra que hasta quien no la siga se debe saber de todo lo que ha resonado. Y sin embargo comenta que toma medicación. ¡ERROR!

Aitana lo que necesita no es suprimirse con fármacos para no sentirse, bastante de ella ha perdido ya. Aitana lo que necesita es entender con terapia psicológica que sus decisiones son las que han generado ese malestar. Que está bien que quiera ser la número uno, pero ha de preguntarse ¿a qué precio? ¿Qué Aitana será la número uno? Y conductualmente y cognitivamente dejar de darle más importancia a lo que diga su manager, su asistente o los demás y centrarse en ella misma. ¡Esa es la solución! Porque la causa de su depresión es su trabajo desbordante que la ha llevado a olvidarse de sí misma. Como la metáfora de la rana en el caldero. Pues ahora toca dar un salto y salir, no medicarse para dejar de sentir el calor mientras te sigues cociendo.

Antonio Orozco lo hizo bien, en su documental observamos como lo que hizo fue retirarse, dedicarse a componer alejado del mundo, ir a terapia, cuidar su salud física, y anteponerse a todo lo demás. Es cierto que Orozco es menos ambicioso, pero quizá más sabio y, desde luego, más maduro.

Por otro lado, tenemos el documental de Dabiz Muñoz. Otro famoso y talentoso, en este caso de la cocina, que sufre por su trayectoria. Él lo tiene claro, cuida su salud física corriendo, y su salud mental en terapia, donde aprende a reorientar sus pensamientos y a plantearse las preguntas de una forma sana y honesta. Su ambición como la de Aitana es su propio veneno. Pero no toma medicación porque, obviamente, no la necesita.

Con estos sesgados tres ejemplos quiero dejar claro que los antidepresivos y ansiolíticos no ayudan, NADA. Y lo que de verdad resuelve muchos de los problemas es la terapia psicológica, o debería decir las terapias psicológicas, porque hay para dar y regalar. Pero, entonces, ¿por qué se empeña la gente en tomar fármacos que no arreglan el problema?

La respuesta está en que, en principio, arreglarlo no es tan rápido ni sencillo. En muchos casos, por no decir casi todos, la ansiedad y la depresión son causados por la situación social. No poder pagar el alquiler, divorcios, despidos, estrés laboral… Y como no podemos arreglar la sociedad, es decir, no podemos enfriar el caldero, pues a ignorar el calor.

Y eso es lo que me enfada de mi, ya no, psiquiatra. Que cuando me preguntó qué me haría feliz y no estar mal, cuando respondí que era una cuestión social, me respondió que «no podemos cambiar la sociedad que nos ha tocado, tenemos que adaptarnos a ella» ¡Y una mierda! ¡Qué clase de respuesta es esa! Ningún psicólogo respondería así porque, de hecho, el propio temario de psicopatología avala mi respuesta.

Para que exista patología debe haber un malestar (sufrimiento), una disfunción psicológica (mal funcionamiento en emociones, cogniciones o conductas que no ayudan a adaptarse al contexto), deterioro o disminución de la capacidad (se puede ser tímido, pero si la timidez me impide relacionarme, responder o trabajar, es un problema) y una respuesta atípica no esperada socialmente (subjetiva según la cultura).

La concepción de la psicopatología como violación de las normas sociales está a veces
en conflicto con la concepción de la psicopatología como comportamiento desadaptativo.
A veces, violar las normas sociales es saludable y adaptativo para el individuo y
beneficioso para la sociedad. En el siglo XIX, las mujeres y los afroamericanos en los
Estados Unidos que buscaban el derecho al voto estaban tratando de cambiar las
normas sociales bien establecidas. Sus acciones eran poco comunes y, por lo tanto,
«anormales», pero estas personas estaban lejos de ser psicológicamente poco
saludables, al menos no para los estándares actuales» (Maddux et al., 2016, p. 6).

Según la psiquiatra, debo adaptarme a la sociedad aunque sea la propia sociedad la que me hace daño. Ya que no puedo cambiarla tengo que, forzosamente, perderme a mí mismo para encajar en ella, (como Aitana drogada para encajar en lo que se espera de ella) ¿a caso no se han quitado la vida demasiados famosos ya por esta tontería? Y sin embargo cuando hablamos de mis ideas suicidas es esta su respuesta. SOBRAN PSIQUIATRAS si queremos acabar con la epidemia suicida.

Nada más entrar a la consulta, la segunda sesión y última, me preguntó qué pensaba ahora pasado un mes de mi «intento de no suicidio» y mi respuesta: «Creo que fue un ensayo para saber qué hacer, o qué no hacer, cuando quiera suicidarme de verdad». ¿Y qué harías? Pregunta. Y respondo: «Lo mismo, pero me tomaría una dosis más elevada, me seccionaría arterias o venas y no lo haría cerca de un centro de salud». ¿Y has buscado dónde están las arterias? me devuelve. Pienso ¿qué clase de pregunta es esa? y respondo: «No, pero no me costaría ya que tengo formación en anatomía». Y aquí y así acaba, por ahora.

Manifiesto que no tengo ingresos y se empeña en que busque un trabajo de lo que sea para obtenerlos. (No sé si está compinchada con la inSeguridad Social, pero no para de decirme que busque empleo). Le digo que por mi situación con la Seguridad Social no puedo, que por una parte el INSS me dio de alta tras rechazar mi Incapacidad Permanente por falta de pruebas, pero por otra estoy con una nueva baja por mi situación emocional. Así que no se me puede contratar, ni despedir, pero el INSS no me paga porque tiene el poder de no hacerlo. Situación bloqueada, pero ella insiste en que busque empleo. (Si fuese el de YOU, estaría muerta) Eso aumenta más y más y más mi frustración.

Le indico que yo lo que necesito es que los médicos me traten, den con el problema y lo solucionen. «¿Y si no tiene solución?» Vuelve a ponerse en lo peor (qué mierda de psiquiatriterapia). «Pues si es un MELAS moriré», devuelvo.

Total, que después de treinta minutos taladrando mi salud mental decide decir «pues te voy a dar el alta aquí en psiquiatría, ya te verán en psicología. Como no quieres tratamiento farmacológico…» (que hdp, encima me echa en cara que no quiero drogas que no necesito para aliviar su inútil consciencia). Dan ganas de rajarse la carótica y llenarla toda de sangre a ver si así la salpica un poco de empatía. Pero no, salgo y respiro, y pienso, y me doy el carísimo (no tanto) capricho de ir a tomar un poke vegetal para calmar esa inestabilidad provocada por una profesional de la salud mental que no tiene ni puta idea de salud mental.

Ya que me he abierto literalmente, os desgloso mi problemática más tangible.

Soledad no deseada. No se cura con fármacos. Es social. No se cura con Tinder ni RRSS. No se trata de rodearse de gente, se trata de encontrar alguien con quien no te sientas solo. Y, siento si os duele, NO LO HAY. (salvo mi sobrinita, que es la que evitó que me suicidara, quiero pensar). Ya ampliaré más este apartado para que entendáis a qué me refiero.

Falta de independencia. No tengo lugar propio y tengo que elegir entre la casa de mi difunta madre donde abunda la toxicidad de la nicotina y el padre de mi hermana; o la habitación en casa de mi hermana que no es mía ni siento como propia y por tanto no estoy a gusto. No tengo ni para comprar una casa, ni para alquilarla, ni para tan siquiera compartirla. Sin ingresos no tengo para nada. Pero de verdad que necesito independencia. Un sitio propio. Pero puta crisis de la vivienda que no se soluciona con fármacos.

Enfermedad. Aún no hay diagnóstico, pero hay claros y probados indicios de, al menos, una leve retinopatía que me afecta a la percepción visual de colores y movimiento. Además de una neuropatía auditiva sin probar (porque no me quieren mandar a un neuropsicólogo porque dicen que no hay en la pública) que me impide comprender el habla, sobre todo, y distinguir sonidos (qué suena y dónde suena); todo es ruido y lo único que puedo hacer es estar en una habitación silenciosa para que mi cerebro se calme.

Por mi sobre ingesta de benzos y GABA puedo testificar que el ruido se redujo casi totalmente, pero claro, con el sistema nervioso inhibido era de esperar. Lo que, contradiciendo a la psiquiatra, «si localizan el problema, más fácil será dar con la solución, que quizá sea un neurofármaco dirigido que quizá no lo resuelva, pero lo minimice lo suficiente como para mejorar mi calidad de vida» Y por ese experimento es probable que inhibiendo ciertas áreas, ¡voilá!. Pero no, no son los fármacos que tan buenamente ofrecen en psiquiatría.

No digo que eso no cure mi infelicidad crónica (o posible Distimia no diagnosticada por esa psiquiatra inútil), pero mejorando mis posibilidades comunicativas quizá, entonces, si me sienta emocionalmente útil como para, ahora sí, buscar un empleo. Pero con ese ruido en mi cabeza, no estoy a salvo ni en una oficina.

Por cierto, me echó cuando dije que yo no tenía por qué adaptarme a una sociedad que, habiendo el tabaco matado de cáncer a mi madre, se empeña en normalizar que la gente pueda fumarme en la cara como si tuvieran el derecho a hacerlo. Y que por eso no quiero salir de mi habitación. Por eso escribo relatos sobre un hombre que sale con un lanzallamas a quemar fumadores por justicia. Y que, si fuese el de YOU, no tendría reparo en hacerlo realidad.

Yo, que no bebo, no fumo, no me drogo, soy vegano, pacifista, y que solo me falta ir al Tibet para ser un monje estoy enfermo, vulnerable, indefenso… Pero se me exige que sea yo el que se adapte a una sociedad que se daña a sí misma una y otra vez con su egoísmo, su toxicidad, su violencia, su injusticia, su avaricia… No lo siento, pero no. No puedo adaptarme a una sociedad que con la excusa de ser libre y vivir la vida se aniquila a sí misma lo justo para seguir viva. Antes prefiero morirme, o matarme. Pero resulta que eso no es moral. Uno puede fumar y beber hasta provocarse una enfermedad, pero matarse directamente es malo. ¡Puta incoherencia!

En fin. Que se muera la psiquiatría. Que viva la psicología. Y que se extinga la especie humana.

Posdata: Solución sería que me tocase el Euromillones un día de bote y así pasar los días que me queden en una casa propia en una montaña con buena cobertura y servicio de comida estudiando todo lo que me abra la mente y escribiendo todo lo que necesite salir de ella. Sin más preocupación que alimentar este cerebro enfermo con vistas a la naturaleza, aire limpio, y lejos de esa humanidad a la que no puedo odiar porque formo parte de ella, y aún así odio. Ves, psiquiatra, no es un fármaco, en esta sociedad capitalista lo que salva, da libertad, es el dinero, o más bien lo bueno que hagas con él.

¡Muchas gracias!

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