Ya son tres médicos quienes me dicen esa frase. Y no sé si es que me están pidiendo que me convierta en un superviviente o incitándome a que esta vez convierta el ensayo en actuación final. El caso es que se empeñan en que para solucionar mi(s) problemática(s) debo de recurrir a psicofármacos porque la sociedad que es la que me daña, no va a cambiar.
Deben de carecer de conocimientos de historia y humanidades, porque si los esclavos negros hubieran oído esa frase ahora seguirían siendo esclavos negros, pero llenos de fármacos. Incluso da pie a compararme con un homosexual hace sesenta años, o en la actualidad en según que países; o reniega de su libertad sexual o acaba preso, torturado o asesinado.
El problema es que no puedo compararme con lo anterior. No al menos en el contexto global.
Repito los problemas más acuciantes que me torturan:
Soledad NO deseada: Un problema que asola a gran parte de la población actual y cuyas iniciativas son por parte de organizaciones, ni sanidad, ni gobierno. Fundamentalmente dirigida a personas mayores que se han quedado solas por fallecimientos de cónyuges y amigos. Pero hay mucha prevalencia e incidencia joven a la que no se presta atención hasta que un joven adolescente sin amigos encuentra compañía en una Inteligencia Artificial que no puede reemplazar a un humano y cuyo resultado más mediático suele ser el suicidio del joven instigado por la IA que lo malinterpretó al carecer de cualidades humanas. Muchos otros, desde hace décadas o siglos, se refugian en la lectura, cine, videojuegos… Pero eso es como un flotador para un náufrago, no deja de estar flotando y perdido. En mi caso, tengo DOS amigos, cada cual con su vida y sus cosas. Pero desde hace semanas mi no diagnosticada depresión me impide quedar con ellos, porque cuando lo hago no me siento menos solo, en parte porque no les puedo entender al tener mi enfermedad, y en parte porque no me siento conectado con ellos. Y les veo felices, con sus parejas, con sus planes, sus viajes, su hogar, y eso me distancia aún más, porque me hace ver todo lo que no tengo. Porque la soledad se puede dar incluso rodeado de personas. Y para eso no tengo solución. Y cada vez va a peor porque si bien antes buscaba pareja, ahora mi libido está absolutamente deprimida.
Enfermedad(es): Sigo sin diagnóstico ni tratamiento, y cada vez me siento peor en general. La Sanidad Pública tiene sus tiempos, tampoco se adapta a mí, pero el resto de la vida me empuja a pasar de pantalla aún sin saber si del ladrillo va a salir una flor, una concha o una seta. Llevo como poco desde el 19 conviviendo con la depresión (sin diagnosticar) y la ansiedad (vagamente diagnosticada) y yo lo defino más bien como una infelicidad crónica que así parecen indicar los autotests de Distimia. No es que vaya llorando por las esquinas como en la depresión mayor, ni que me hunda en la cama hecho una bolita todos los días. Aunque hubo una época en Valencia en que así podía resumir mis fines de semana durmiendo de viernes tarde a lunes de madrugada. Pero en la actualidad, como le pasa a muchas personas, invade una sensación de tristeza que es casi como tu piel, está siempre, te acompaña, y parece hasta normal. Y quizá un día te da por sonreír y disfrutar, pero luego enseguida vuelves a tu estado habitual de tristeza. Y es una tristeza que no impide sonreír en un momento dado, pero es efímero. No incapacita como una depresión mayor, pero impide que tu nivel de energía sea constante, se puede elevar un tiempo lo suficiente para permitirte hacer algo, pero caerá y te quedarás en modo ahorro de energía. Podrás pensar en hacer planes de futuro, incluso empezarlos, y eso durará poco porque esa tristeza recobrará los mandos y te hará ver las cosas de un modo desaturado y apagado. Y no, no es un trastorno bipolar. No hay una fase de euforia, es más bien un momento de normalidad que aflora del estado basal de tristeza. Eso en cuanto a mi «infelicidad crónica». Pero no ayuda que mi más que probable neuropatía auditiva siga entre comillas y sin tratar. Tampoco que mi retinopatía y alteración de la conducción visual sea solo una frase en un informe que se traduce en dificultades para diferencias colores próximos, caras lejanas, y objetos en movimiento. No puedo identificar sonidos, ni ubicarlos si no los veo. Y de lo que veo tampoco puedo fiarme del todo. Pero el INSS dice que puedo ser técnico audiovisual porque no necesito precisión. Volvamos al cine mudo en blanco y negro entonces. Asumiré a estas alturas que mis problemas digestivos se deben al sistema nervioso entérico que me está jodiendo por la ansiedad y la depresión. Pero queda por resolver porque me resfrío más, tengo picores sobre todo primaverales y rigidez nucal, pinchazos musculares, entre otros. ¿Posible enfermedad mitocondrial? En estudio está.
Claro, el resultado de esta sintomatología es que no quiero salir de mi habitación, porque todo es ruido, sustos, y sustancias nocivas. Odio la sociedad, pero eso siempre ha sido subjetivo hasta ahora, que me perjudica gravemente la salud. Y mi adaptación consiste en evitarla.
Falta de independencia: Esto es lo único en lo que estoy de acuerdo. A todos nos jode que los sueldos sean precarios, que los costes sean elevados, los alquileres imposibles y el mercado de la vivienda una estafa. No voy a llorar por llorar porque a este juego jugamos todos. Pero claro, si mi jugador arrastra todo lo anterior no ayuda tampoco. Sin pareja para compartir gastos, piso, etc… Con unos síntomas que reducen mi desempeño laboral y un sistema de inseguridad social que no me acompaña… Pero vale, lo admito, a esto jugamos todos. Y volviendo al principio, ¿no vamos a luchar por cambiarlo? ¿No podemos tal vez? ¿Nos hemos rendido? Porque yo cada vez veo más gente opositando para asegurarse un sueldo y un empleo. Quizá sea esa su forma de luchar. Eso defiende mi teoría de que una sociedad (comunista) donde los empleos sean públicos, como las viviendas, y todo el mercado, al menos el esencial, esté regulado por el Estado para que nadie viva en la calle y hambriento podría ser lo que buscamos pero no perseguimos. Me gustaría pensar de que si a algunos se les llena la boca hablando de sus país y de sus habitantes, qué menos que asegurar que viven en condiciones dignas. Ahora bien, si lo que hablan es de SU país y SUS habitantes a los que saquear. Ese es otro tema, y todo lo contrario. En fin, que en un mundo capitalista egoísta no podemos más que sobrevivir, porque por mucho que uno quiera ganar más dinero para vivir mejor, los que tienen dinero y poder harán lo necesario para que todo cueste cada vez más dinero, dejándote en la misma posición, pero peor. Con más desigualdad. Pero insisto y acepto que este es el juego actual. No me gusta nada. Pero así es.
Dicho todo esto. Los médicos quieren que me medique, y yo quiero que la sociedad me entienda. No ya que me mantenga, ni mucho menos, solo que respete que tengo la rueda pinchada y que la tirita ha dado de sí, que ya no puedo circular más, y que toca que me recoja la grúa. El problema es que la grúa me dejó en el taller y aún no saben ni qué pasa ni cómo se arregla. Y mientras tanto ahí estoy aparcado a merced de los elementos, se me desgasta la pintura, se oxida mi mecánica y una capa de polvo y escarcha se va acumulando en lo que alguien tramita mi reparación. Esta sí es una metáfora acertada. Y lo más que puedo hacer es poner la radio hasta que se gaste la batería. Pero poco más.
No se trata de que la sociedad se adapte a mí, si no de que respete que actualmente he perdido mi capacidad de adaptación. Algo que en la mente de Darwin se zanjaría con mi extinción, pero que en la sociedad moderna y falsamente inclusiva no se entiende. Así que nada, en la sociedad de los psicofármacos tendré que sucumbir a ellos, eso no resolverá nada, pero será como poner una funda al coche abandonado en el garaje del taller, que seguirá pinchado y oxidándose, pero al menos así no verá como coge polvo.