Ella lucha por mantenerse viva, y tal vez lo haga cinco días por semana, pero llega el viernes a las tres y todo se eterniza. Ella está sola en casa, lleva más de 24 horas sola y le come el aburrimiento. Pone una de sus series favoritas mientras se tumba en la cama a comer guarrerías y se queda dormida con el capítulo a medias. No quiere salir ni para ir al baño, tal vez por eso no beba desde que se le acabó el zumo. Abre dos aplicaciones de ligoteo y se le agotan los likes, y para un par de match ni le interesan y se pregunta qué le llevó a dar like. Supone que la misma soledad que siente ahora. La misma que le genera frustración. Abre Amazon y revisa sus listas de deseos, pero nada llega en 24 horas así que eso que se ahorra, al menos la oniomanía no se hace fuerte gracias a que en esta mierda de pueblo donde vive no llega ni el gigante de los ecommerce.

Revisa su lista de contactos y escribe a alguien con quien le gustaría ver algo más que series, ¡putos bajones y sus muestras de debilidad! Hay que ser más de hierro, tenaz, y menos de acero cocinando una derrota clara.

Escucha gente por la ventana, y le molaría invitarlas simplemente por el hecho de tener compañía, pero no le gusta la gente. Sabes que lo que quieres es una ración de besos, sexo y una ducha caliente, todo mezclado que sabe mejor.

Y acabas saliendo a comprar, en vano, porque desde que lo pensaste por la mañana a las 21:20 que has salido de casa ya te ha cerrado el supermercado, y te jodes, te jodes porque el domingo no abren, así que miras la despensa, piensas, y aún te queda algo para sobrevivir. Claro que es fácil cuando se hace una comida al día.

Recibes respuesta de tu debilidad y parece no haber entendido nada, así que miras tu saldo y te permites un caprichito porque la oniomanía tiene que salir por algún lado y si es en forma de comida basura mejor que mejor, ya que el supermercado no te permitió comprar tus escalopes veganos que seguramente acabasen como la última vez calcinados en el horno. Y es que tanta inteligencia artificial y el horno no es capaz de saber que dentro de él se está quemando algo. El ser humano hace inventos para volverse más tonto pero no más vago. Y es que para estar mirando un cristal y perder mi tiempo ya tengo el móvil.

Ella vuelve a mezclar la voz de los narradores en este texto, porque no sabe qué tipo de persona es. Si la que vive su vida o la que simplemente ahoga los segundos de esa cuenta atrás que llaman vida. Ella vuelve a la cama y espera a su pedido. Y mira el mensaje recibido pensando cosas que por el bien de su autoestima no enviará, porque total, será mentira. Cuando una se siente sola, cuando además lo está; decir “te quiero” y otros sinónimos es tan banal como saludar. Y sí, puede que haya cierta intención, pero desde luego no romántica. Y volvemos a la bañera, los besos, el sexo y una serie de Netflix para cerrar y abrir el bucle de lo que una entiende como relación.

Ella odia a la gente, pero es indudable que la necesita. Porque Netflix, Prime, YouTube e Internet producen más lento que su soledad y con algo ha de entretenerse y en sus manos ya no cabe una derrota más por escribir. Ella piensa en cosas que muchas tacharían de inmoral, de falta de ética, de esclavitud, pero tampoco sabe dónde encontrar esos servicios por lo que vuelve a esas apps que le hacen pagar por nada. Vuelve a tirarse en la cama y a poner música que ni siquiera escucha porque parece estar ida. Su cuerpo no pesa, sus sentidos se hacen más débiles, sus párpados se van cerrando y poco a poco se queda dormida.

¿Cómo alguien que odia a la gente no puede, en cierto modo, sobrevivir sin ella? ¿Será acaso la genética de un animal social? Despierta en mitad de la noche con los mismos problemas y es que da igual dónde esté, da igual cuantas veces tenga al casa para ella sola, porque está eso, sola. Y todas sabemos lo que tiene un ser humano en la cabeza cuando tiene la casa sola. Pero ella duerme y duerme, porque si no, piensa y piensa, y pensar con los neurotransmisores inadecuados es una bomba nuclear.

Ojalá tener a alguien con quien compartir los segundos vaya más allá de la piel, alguien de esas que se encuentran como agujas en pajares, como aparcamientos en plena feria. De esas personas a las que más que a la piel observas a sus neuronas, pues tienen tanto conocimiento que oírlas es orgásmico. Pero ella solo ha oído el timbre. Así que pese a que le duele el estómago devorará esa comida incluso aunque le entrasen ganas de vomitar, porque algo que le jode todavía más es tirar el dinero que tanto le cuesta ganar.

Esta historia se parece mucho a la típica depresión de las películas. Sin salir de casa, entre basura, comiendo lo menos nutritivo posible y sin ganas de absolutamente nada. Pero no es depresión, ni tristeza, ninguno de esos sentimientos tan socialmente negativos es lo que siente. Tan solo es, soledad. Y no hay nada que tú puedas hacer. Porque alguien que odia la gente está destinado a esta codena. Quizá llegue el día en que dos personas igual de especiales colisionen, pero hasta entonces, a ella solo le queda este blog, que tú, debes tomarte como un capítulo más de esas series de ficción que ves. Porque mientras exista el arte, se salvarán vidas. Aunque los políticos recorten en ese y en la salud mental. ¡Qué curioso! ¿no?

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