Hoy he ido a comprar agua al Consum. No hubiera sido relevante si no fuera porque ya hice la compra ayer, y puede que también fuera hace unos días. Por hambre, obvio, pero me pregunto ¿de qué?
Y es que pese a esas capas de maquillaje que le hacen parecerse a una sevillana en plena feria, tiene un no sé qué que qué se yo… Que empiezo a montarme mis películas, de terror.
Pensé que ayer me sonrió, me miró distinto, me habló con la mirada como mandando mensajes cifrados. Así que hoy he tenido que volver para comprobarlo, elegir su caja, y esperar mientras pasaba los productos, pero no, hoy no me miró especial, quizá ayer tampoco o quizá ayer no había cola porque estaba a punto de cerrar y hoy, como no abren mañana, estaba a reventar.
¿Y qué hacer? ¿Y qué decir? Nunca se me dio bien ligar porque es como vender. Y siempre me ha sabido a mal, como forzar a la gente a que se gaste el dinero, como persuadir a una chica a sentir por mí. Me gusta escribir relatos porque son inertes, indoloros. Pero las personas sufrimos, y no quiero influir en nadie. Pero tengo ese defecto humano de necesidad de afecto, y no he logrado extirparlo.
Así que ahí estaba, en la caja de ese supermercado, esperando a encontrar, qué se yo, un ticket con su número escrito, un «salgo a las diez», un «esa parece mucha comida para uno solo» y otras tantas frases peliculeras que, obviamente no funcionan en la vida real.
Y si solo fuera ella… Porque por suerte está ahí, al cruzar la calle todas las tardes, muchas oportunidades. Pero he dejado pasar tantas otras, que, por supuesto que hay muchos peces en el mar, el problema es que soy vegano y hace falta ser un tiburón si de verdad quieres algo, pero ¿yo qué quiero? Esa es la cuestión.
Porque puede que no tenga sus besos, pero tengo 16 litros de agua, cinco plátanos y 3 pepinos. Lo de los alimentos fálicos daría para un post aparte. Y no, no ha sido ninguna estratagema psicológica para hackearle la mente. Igual debería comprar peras algún día, o tomates de esos que no saben a plástico.
En fin, llevaba casi tanto tiempo sin escribir como llevo sin comerme un co… y aunque ambas cosas se me han dado bastante bien en el pasado, noto que tengo en la punta de la lengua un pelín de soledad.
En fin, y la gente yendo a las discotecas para ligar, donde ni se puede hablar y los baños están demasiado llenos de gente orinando y demasiado sucios como para arriesgarse con las ETS.
Sin embargo, el súper siempre tendrá todo lo que necesitas, desde agua para hidratarse hasta el potasio de unos buenos plátanos que comer cuando eres un cobarde que no se atreve a decirle nada a la cajera. Ni a ninguna otra.
Pero lo bueno de no vivir en Madrid es que siempre hay ocasión de bajar a comprar agua. Y quizá con suerte, sea ella la que en lugar de unos anacardos, me ofrezca algo que de verdad me interese ;P