Sentimiento de pena por la lejanía, la ausencia, la privación o la pérdida de alguien o algo queridos

1. f. Pena de verse ausente de la patria o de los deudos o amigos.

2. f. Tristeza melancólica originada por el recuerdo de una dicha perdida

DRAE

Hoy estoy recogiendo el estudio, no para ordenarlo, sino para dejarlo, y aunque fue un error traducido en gastos que han reducido mis ahorros a quizá menos de 0, me veo empaquetando todo y siento como si me arrancaran una parte de mí. Esas cajas indican que ya nada va a ser mío, no tendré rincón al que huir, que llamar refugio, en el que nadie salvo yo decida cómo debe ser. Y por mucho que piense que en Valencia tendré independencia, no sé todavía si viviré con algún compañero, si alquilaré una habitación con un desconocido o si podré rentar un pisito cuco donde sentirme libre, y en cualquier caso, dudo que sea tan diáfano como esto donde tengo mi fondo de vinilo, mis trípodes, mis flashes, y todo lo que hace falta, salvo la cocina y una ducha, eso sí que echo de menos.

Así que hoy es un día duro y no para de sonar música alegre en la playlist instrumental de Spotify.

Voy a deshacerme de mis pequeños B10 para poder hacer frente a las facturas, puede que de dos de mis C-Stand, y le he regalado a un compañero dos modificadores Godox para que se acuerde de mí cuando haga esas maravillosas fotos que hace.

Pero sigo triste, supongo que porque no hay vuelta atrás. Porque me marcho en cuatro días a una provincia desconocida sin amparo de nadie, (bueno una Amparo sí que hay en la oficina jejeje). Pero es eso, que dejo 25 años atrás, y los últimos 10 me dan un poco igual, pero es el lugar donde nací y crecí, una parte de mí por muy “¡bah!” que sea.

Siempre es difícil decir “adiós”, aunque sepa que tan solo es un “hasta luego”. Y ni siquiera lo sé. Después de lo acontecido recientemente ya no veo las calles igual, solo recuerdos relocos, como caminar en escala de gris, y quizá halle allí mi propio lugar, aunque el agua del grifo sea un engorro y te duches y parezcas no más limpio, aunque entre pueblo y pueblo haya un abismo. No es que Valencia sea ese lugar donde me imaginé, y mira que había sitios; todo el norte, por ejemplo. Pero habré de acostumbrarme, quizá hasta sea feliz fotografiando La Albufera, o no sé, me vaya tan bien que no vea el momento de volver. No sé qué me depara, pero no quiero parar ahora, y total, si lo fuera. ¿Qué más daría un error más? Aunque de eso sí estoy seguro y, voy a acertar. No puedo decir nada aún, pero si lo hago bien puedo cumplir un sueño y salir en la web de una marca muy prestigiosa.

Pero es que mira que lo he hecho mal estos últimos años, que antes nada me ataba aquí, y fue llegar la pandemia y unirme a mi familia, a esas adictivas partidas de parchís y la cena de los fines de semana. Yo mismo creé el vínculo que nunca hubo, y ¡cómo jode ahora! Que sí, que estoy a 3 horas de distancia, que más pierden al irse a la universidad en USA, pero ya es un tren lo que nos separa o una A-3 y sus peajes.

Me voy, y miro el estudio casi vacío y bueno, nunca estuvo lleno, nunca entró un euro que no me fuera familiar. Pero era mío, he creado menos de lo que me gustaría, pero era mío, no perfecto, con carencias, pues como yo, mío. Y ahora me voy y lo dejo como dejo 7.000€ con la tontería. Y siento nostalgia, poca, pero ya molesta. Y si, ha sido una inversión cara para darme cuenta de cómo no se hacen las cosas, para darme cuenta que quizá, venda los flashes, los trípodes y los modificadores grandes porque haya vuelto a renacer, a volver a ese adolescente que salía sin destino con su cámara a dejarse llevar, y llevar quizá un speedlight y un reflector y con eso disfrutar.

Quizá me haya dado cuenta que me he vuelto tan técnico que me haya olvidado de porqué me metí en este embrollo, la felicidad de retratar una sonrisa en un parque. Quizá se me acabaran las sonrisas y me refugiara en la luz, pero la luz sigue necesitando rebotar en algún sitio. Y no sé, no me gustan las ataduras, quizá pronto me saque el carnet y recorra esos pueblecitos en busca de un portafolio diferente, de esos proyectos de autor que no me dicen nada, pero que en mi caso me llenen de recuerdos, como empecé. Quizá no empiece por la ruta del norte sino por el este, entre huertos y salinas, quizá no lleve más que un A10 y un palio plegable, y el trípode, eso si. Y haga mi propio mapa fotográfico para exigirle a Capture One otra función más que copiar de Lightroom (jeje). Me apetece ser el Oscar de El Embarcadero, pero enamorarme del lugar y pasar de las lugareñas. Quizá quiera encontrar esa vida sosegada, soleada, y cinematográfica, y es la oportunidad de hacerlo.

Claro está que no puedo cambiar mi pasado, que ni idea tengo del futuro, pero presiento que tengo mucho por descubrir si me dejo llevar, si me dejo conocer, por mi mismo. No es que tenga miedo, tengo ganas.

Quizá esto sea la tristeza de terminar una serie, pero llega la alegría de comenzar otra. Y estoy subscrito a la vida por mucho tiempo. Así que allá voy Valencia, deja que devore unos capítulos más a este Madrid y estaré listo para ti.

No lloraré, porque las lágrimas son saladas y para sal, la que me espera. Dejo a kilómetros la nueva vida de mi hermana, y le arrebato a mi madre el protagonista de la suya, pero que no sea un drama, que mejor es pájaro en vuelo que en la jaula. Pio pio mamá, pero no te pases con las llamadas. Que te vaya bien en tu hipotecado nido hermana, ya lo veré en año nuevo. Jugaremos al parchís conmigo al otro lado de la videollamada, moveréis por mí. Y la cena de los findes pues, habrá que ponerlas en cuarentena. Madre, ya no veremos series juntos en el sofá, y como hacíamos con tu hija habremos de comentarlas después. Os echaré de menos casi tantas veces como os eché de más. Pero me voy como lo hizo mi tía. Espero no asentarme, porque quien se sienta se detiene y yo ya no quiero parar.

Bueno familia, bueno lectores. Parece que me muero, y solo me mudo. Pero duele aún así.

Ya ves, empiezas metiendo cosas en cajas, y te das cuenta de todo lo que tienes. ¡Putas mudanzas!

Gracias por leerme

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