Entonces él quiso creer que ella estimulaba el núcleo paraventricular de su hipotálamo, cuya oxitocina sintetizada viajaba a su hipófisis para acabar en su torrente sanguíneo promoviendo en su cuerpo esa sensación de amor que abraza en la más profunda de las soledades.

Por eso él la escribía incluso sabiendo que quizá no obtuviese respuesta, pues, en aquel momento, la dopamina excitaba sus neuronas en busca del placer que otorgaba la posible, poco probable, devolución del mensaje.

Y así, con déficit de GABA y la mente inquieta, con el núcleo supraquiasmatico engañado con la luz de aquella pantalla y la glándula pineal desocupada, él esperaba simpático mientras su corazón latía fuerte, su respiración irregular hiperventilaba y una extraña sensación estomacal contribuían aún más a perturbar a ese hipotálamo que empezaba a perder el control de esa homeostasis tan complicada.

Qué decir de aquella corteza prefrontal tímida, ilusa, autoengañada, que aún sabiendo que no hay historia de amor posible, se reserva la lógica y deja al sistema límbico en ese limbo de esperanza.

Él esperaba de ella la química que hacía de su sistema nervioso un lugar más amable. Eso que podría explicarse desde la Psicología Social que no estudié como para andarme con metáforas. Pero él solo necesitaba un abrazo, un poco de vasopresina en esa sinapsis química en donde las neuronas no se rozan, pero comunican. Ese intercambio de sustancias exocitadas que traspasan membranas, hendiduras, terminales, y, si son suficientes, si se unen al ligando adecuado, quizá, solo tal vez, surja la chispa, el potencial, el baile de iones que recorre la piel celular de esas animadas neuronas que más que hablarse, hacen el amor. Pues ya ves, aquí, en clave, para el que quiera activar sus canales ionotrópicos, o metabotrópicos gracias a las proteínas G, he de decir qué, si bien la neurona que no se usa se apoptosita, si las relaciones que no se hablan se podan, yo, aquí sigo esperando tan negativo como siempre, por si alguien quiere abrir mis canales, menos del cloro que es negativo, y que entre la positividad a revolverme loco.

Él solo esperaba hablar de neurocosas con alquilen tan inteligente como para enamorarse, si es que el amor es algo más que esto, un poco de química, otro poco de física y mucha biología a pesar, a pensar, de la distancia. Pero quizá, con un poco de mielina, allá a lo lejos, incluso, todo dispare, y como bien sabe Hebb… Ella reciba.

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